Punto de Partida: ¿De dónde vengo?

Uno de los recuerdos más bellos  de mi infancia es de la etapa de preescolar.  Todas las tardes la maestra nos leía un cuento, sacaba una enorme maleta repleta de libros, elegía uno y nos sumergía en otro mundo. Nosotros sentados en círculo, esperábamos ansiosos el desenlace de la historia.

Creo que fue esto lo que hizo nacer en mí el amor hacia las letras, en especial hacia la literatura. Durante la adolescencia me convertí en una ávida lectora, a la que particularmente le encantaban los clásicos. Sin embargo, a pesar de amar la literatura, cuando llegó la hora de ir a la universidad mi indecisión por qué carrera elegir, fue entre historia e historia del arte. Nunca me plantee estudiar filología, ya que aunque la literatura me encantaba, la gramática me parecía un poco aburrida. Lo que es cierto, es que siempre quise ser profesora, me encantaba la enseñanza y una de mis metas cuando inicié mis estudios universitarios fue convertirme en docente de historia para alumnos de instituto. Sin embargo esta idea inicial cambió después de una estancia en el extranjero.

Un año de Erasmus en Italia rompió por completo mis esquemas y me hizo plantearme qué era lo que realmente quería. Tras mi regreso, la ciudad de provincias en dónde estudiaba se me hizo demasiado pequeña, la carrera que antes me había entusiasmado me parecía ahora carente de sentido... Me gustaba la enseñanza, pero el simple hecho de pensar en acabar mis estudios y quedarme allí para siempre me asfixiaba. Acabé el último año de mis estudios (no sin mucho esfuerzo) y decidí que quería ser libre, quería marcharme al extranjero fuera como fuese.

     Tras enviar muchos currículos encontré un trabajo en el norte de Noruega en el sector turístico. El trabajo consistía en atender a clientes en su idioma, bien en el bar de hielo o bien en la tienda que formaba parte del negocio. El hablar italiano y español eran requisitos imprescindibles para conseguir el trabajo, ya que allí paraban muchos cruceros repletos de españoles, italianos, ingleses... y como no también alemanes. Generalmente la mayor parte de los turistas solían comprar en la tienda, todos salvo los alemanes que entraban a la misma lo miraban todo, pero no compraban nada. Todos pensábamos que una de las posibles razones por las que no compraban era porque no podíamos atenderles en su idioma, pues ninguno de nosotros hablaba alemán. Así fue como surgió en mí la curiosidad por aprender este idioma, y como pretendía regresar a trabajar la temporada siguiente, decidí aprovechar el invierno para marcharme a Alemania y realizar un curso intensivo durante unos meses. Honestamente nunca antes me habían interesado ni el idioma ni la cultura alemana, todo lo contrario, de lo que ocurría con el italiano, y a pesar de esto cuando comencé a aprenderlo lo hice con gran entusiasmo.

      Escogí la ciudad de Berlín por ser la capital y porque había oído que era una ciudad muy interesante, además de barata. Aquel invierno de 2009 fue uno de los inviernos más fríos de los últimos años, las temperaturas medias oscilaban entre los -12-16 grados pero a pesar de todo, recuerdo el entusiasmo con el que me levantaba a las 6:30 de la mañana para llegar a tiempo a mis clases en la otra punta de la ciudad... Es increíble lo que podemos conseguir con entusiasmo y motivación, tanto empeño puse en hablar alemán que desde el primer curso (A1) comencé a chapurrearlo. Tras tres meses intensivos regresé a Noruega para trabajar, aunque esta vez lo hacía con la idea de regresar a Berlín y establecerme allí para seguir perfeccionando el idioma. En parte porque la ciudad y el idioma me habían cautivado y en parte porque conocí al que hoy día es mi marido.
   
     Establecida definitivamente en septiembre del 2010 mi objetivo principal se convirtió en alcanzar un nivel aceptable de alemán para poder conseguir un trabajo. Fue en estos momentos cuando   la enseñanza del español apareció ante mí como una posible salida laboral y decidí realizar un título de Experto sobre la Enseñanza y la didáctica de ELE en la Uned. A pesar de la incertidumbre y de ser consciente de lo difícil que sería conseguir un trabajo enseñando español sin experiencia previa, envié mi currículo a toda escuela privada, institución e incluso universidad popular que encontré.

Finalmente, un día de invierno (en esta estación me han pasado cosas verdaderamente maravillosas) mi teléfono sonó. Una escuela de idiomas para niños necesitaba un sustituto ese mismo día. Entre escéptica y un poco asustada acepte la sustitución. Imaginaos la situación, tenía que dar tres clases y el tiempo con el que contaba para prepararlas eran apenas unas 3 horas. De ese primer día no recuerdo mucho, solo que llegué temprano a la escuela para ver el material que tenían, me informe sobre los grupos y sus edades e improvisé como pude. Después de todo no fue tan mal, supuso realmente un gran reto y descubrí lo apasionante que es enseñar a niños.  Tras la sustitución me ofrecieron un contrato:  enseñar a tres grupos de niños y adolescentes de distintas edades. Esta fue mi primera experiencia en la enseñanza de ELE y supuso para mí un descubrimiento, ya que aprendí a servirme del juego para transmitir conocimientos y me sirvió para ir haciéndome mi propio material: tarjetas de vocabulario y gramática, dominós, juegos…
Después de unos meses de experiencia encontré trabajo  en otras academias privadas  para adultos, y finalmente y tras mucha insistencia logré acceder a la VHS (Universidad Popular), uno de los lugares  que más interés y curiosidad había causado en mí desde que llegué a Berlín.

Comentarios

  1. Te has hecho a ti misma ,con valor y esfuerzo.

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  2. Me encanta verte con tanta ilusión, eres una mujer fuerte e inteligente y no ahorras esfuerzos para conseguir tus metas, llegarás a donde quieras.

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